El Periódico de la Psicología

PSICOANÁLISIS

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Hablar del nacimiento del psicoanálisis supone referirse siempre a la vida de su creador: SIGMUND FREUD. Muchos de sus discípulos o seguidores -entre ellos, Carl Gustav Jung, Sándor Ferenczi, Melani Klein, Ernest Jones, Alfred Adler o Jacques Lacan han infundido o reformulado la disciplina, pero el establecimiento de sus bases fue, sin duda, enteramente obra de Freud.

Para la época moderna esta obra ha constituido un fenómeno de enorme amplitud, no sólo en el campo de los trastornos psíquicos sino también dentro dentro de la atropología, la sociología, el arte o la literatura, porque las ideas freudianas han modificado nuestra concepción de las relaciones entre individuo y civilización.

Probablemente, la contribución más significativa de Freud al pensamiento moderno fue el concepto del inconsciente que, hasta cierto punto, heredó del romanticismo de principios del siglo XIX, pero que transformó sustancialmente al postular que esta zona de la psique, vedada a la conciencia, constituía un sistema cuyas leyes había que conocer para tratar a los sujetos y descifrar, de esta manera, la causa de su sufrimiento.

A mediados del siglo XIX, la idea dominante de ciencia dependía de la filosofía positivista que, erigida sobre el modelo experimental de las ciencias naturales, postulaba la razón como eje dominante entre el individuo y el mundo que lo rodea. En este contexto concreto, ¿cómo llegó Freud a su revolucionaria concepción que rompe con aquel modelo establecido en beneficio de un nuevo orden de leyes correspondientes a lo inconsciente?

El médico vienés comprendió que sus pacientes no podian hablar de las causas de sus síntomas y decidió buscar un camino que permitiera romper sus resistencias interiores. A partir de 1880, junto con el doctor Josep Breuer, Freud trabajó con las técnicas de la hipnosis y la sugestión, sobre todo en el tratamiento de la histeria. Antes de él, este trastorno -que se atribuía, de modo erróneo, en exclusiva a las mujeres- había sido considerado de muchas maneras: teatro, simulación, posesión demoníaca, brujería o, entre sus contemporaneos, alteración del útero.

Durante su trabajo con Anna O., una de sus pacientes más célebres, Freud comprendió que se trataba de algo psiquico: bajo sugestión e hipnosis ella consiguió hablar de lo que le sucedía. Tras varias sesiones con la paciente, algunos de los síntomas desaparecían por completo y volvían a aparecer después. La misma Anna O. denominó este proceso "cura de la palabra". Este descubrimiento fue decisivo: por primera vez se consideraba que el solo hecho de hablar poseía una función terapéutica.

Así, tras la estancia con Charcot en París, de regreso a Viena, Freud descubrió la existencia de una fuerza psíquica que se oponía a la rememoración buscada. Comprendió entonces que esta resistencia no era un simple olvido, sino una suerte de mecanismo de defensa: mediante una cadena de asociaciones inconscientes, la psiquis constituye una barrera alrededor del elemento patógeno que es causa de los síntomas. Es el momento que es causa de los síntomas. Es el momento en que se comienza a abandonar la hipnosis y se utiliza un método en apariencia sencillo: la asociación libre. Es el momento en el que Freud propone a sus pacientes la famosa fórmula: "Diga todo lo que se le ocurra". Teoría Psicoanalítica I

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