Cultivo de alimentos con veneno. Ecoedición. Cultura rural

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Desde la Segunda Guerra Mundial, cuando a los científicos se les ocurrió por primera vez que el gas tóxico utilizado en la guerra se podía emplear contra los insectos que se comen los cultivos, la industria agrícola se ha vuelto cada vez más dependiente de la química. Pero ha resultado ser una alianza maligna y muy destructiva. La naturaleza ha dotado a todos los seres vivos del instinto de supervivencia; de hecho, la clave de esta es adaptarte al medio. Cuando se utilizan por primera vez plaguicidas químicos en una zona, los insectos devoradores se envenenan y mueren con rapidez. Pero poco a poco, tras repetidas aplicaciones, algunos insectos desarrollan cierta resistencia. Así como el uso descontrolado de antibióticos generó resistencia a estos en las bacterias que causan enfermedades en animales y seres humanos, las grandes dosis de insecticidas generan resistencia en los insectos. Después de más de cincuenta años aplicando plaguicidas en los cultivos, hay poblaciones enteras de insectos plagas que han evolucionado, volviéndose cada vez más resistentes a los pesticidas. Hoy en día no es raro que los agricultores tengan que utilizar tres veces más productos químicos que hace cuarenta años para matar a los mismos insectos.

Igual situación se da cuando se utilizan productos químicos para impedir que proliferen las hierbas silvestres, los roedores y las enfermedades: los agricultores emplean cada vez más productos químicos, aunque comprueban que son menos eficaces. Cada año se arrojan a la superficie del planeta unos tres millones de toneladas de productos químicos de uso agrícola.

Y, por supuesto, todos estos productos no se quedan en los campos de cultivo: escapan hacia el medio ambiente. Se evaporan, entran en las corrientes y caen con la lluvia y la nieve; el viento los levanta y los arrastra a jardines, campos de juego, reservas naturales e incluso a nuestros campos de cultivo ecológico. Pueden y llegan a los cuerpos de animales y personas. Lo que significa que todos los seres vivos se ven perjudicados. En ocasiones en sus sistemas inmunitarios.

Los productos químicos agrícolas matan cada año a millones de aves en la tierra.

En resumen, los productos químicos agrícolas están destruyendo nuestra flora y fauna.

Por último hay que señalar que los productos químicos agrícolas penetran también en nuestros cuerpos, donde algunos de ellos permanecen durante años, y a veces toda la vida, a través del aire que respiramos, el agua que bebemos y la comida que ingerimos. Incluso los fetos en el seno de sus madres están contaminados con pesticidas.