El Periódico de la Psicología

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

La investigación involucró a 712 mujeres con una edad promedio de 78 años que no tenía demencia al inicio del estudio.

Las mujeres mayores que viven en lugares con niveles más altos de contaminación del aire pueden tener más encogimiento cerebral del tipo que se observa en la enfermedad de Alzheimer, frente a las mujeres que viven en lugares con niveles más bajos, según un estudio publicado en la revista médica estadounidense Neurology. La investigación se realizó con una muestra de 712 mujeres que no tenían demencia al inicio del seguimiento.

El estudio ha examinado la contaminación por partículas finas y descubrió que respirar altos niveles de este tipo de contaminación del aire estaba relacionado con la contracción de las áreas del cerebro vulnerables a la enfermedad de Alzheimer.

La investigación involucró a 712 mujeres con una edad promedio de 78 años. Las participantes proporcionaron historias clínicas, así como información sobre raza/etnia, educación, empleo, consumo de alcohol, tabaquismo y actividad física. Todas las mujeres recibieron escáneres cerebrales por resonancia magnética al comienzo del estudio y cinco años después.

Los investigadores utilizaron las direcciones residenciales de cada participante para determinar su exposición promedio a la contaminación del aire en los tres años antes de la primera resonancia magnética. Luego dividieron a los participantes en cuatro grupos iguales. El grupo más bajo estuvo expuesto a un promedio de 7 a 10 microgramos de contaminación por partículas finas por metro cúbico de aire (microgramos/m3). El grupo más alto estuvo expuesto a un promedio de 13 a 19 microgramos/m3. La Agencia de Contaminación Ambiental de los Estados Unidos (EPA) considera que las exposiciones anuales promedio de hasta 12 microgramos/m3 son seguras.

"Nuestros hallazgos tienen importantes implicaciones para la salud, porque no solo encontramos encogimiento del cerebro en mujeres expuestas a niveles más altos de contaminación del aire, sino que también lo encontramos en mujeres expuestas a niveles de contaminación del aire inferiores a los que EPA considera seguros, ha sentenciado en la publicación la autora del estudio Diana Younan, de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles. 

 

EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGÍA

www.mireteditorial.com

 

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

Pocos saben cómo tratar los problemas emocionales. Algunos creen que estos problemas son signos de debilidad.

Los trastornos mentales y emocionales son reales y no necesariamente se pueden curar con intervención terapéutica. Los antidepresivos no son una cura. La mayoría de terapias disponibles se orientan a normalizar en base a lo que la sociedad considera normal, aunque están apareciendo sistemas más holísticos e integrales que tratan a la persona como un todo, reconociendo en cada uno de nosotros un único individuo, con sus necesidades específicas.

Uno de cada veinte adultos padece depresión clínica y según el doctor Christopher Murray, de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Las grandes depresiones se están convirtiendo en la segunda enfermedad más debilitadora. Un 15% de los pacientes más graves acaba quitándose la vida; las dos terceras partes contemplan la posibilidad del suicidio.

La depresión es la mayor causa de sufrimiento del mundo. Es una dolencia del alma y los medicamentos no pueden sanarla.

Existen muchas causas medioambientales y biológicas para la depresión y es muy importante tenerlas todas en cuenta. Cualquier desequilibrio en las hormonas puede generar cambios en el estado de ánimo. Los efectos colaterales de los medicamentos pueden alterar el equilibrio, al igual que la exposición a determinadas sustancias.

La palabra depresión procede del latín deprimo, que significa "apretar hacia abajo" o "apretar debajo". La causa profunda procede del estrés, u obedece a sentimientos profundos reprimidos y a traumas sin resolver. 

La depresión implica una pérdida de energía que hace que el cuerpo parezca pesado, quede aletargado y perdamos interés. Esto suele implicar que bajo del aletargamiento subyacen sentimientos inaceptables que quedaron reprimidos. Estos sentimientos  pueden manifestar sensaciones de infravaloración personal, o de sentirse no aceptado, en completa soledad y de incomprensión. También puede que haya sentimientos de vergüenza o culpa del pasado, tal vez originados por malos tratos padecidos, por unos padres dominantes o muy exigentes, por la perdida de un ser querido, o por una relación de pareja rota. Con dolor latente, ira o rabia. Estos sentimientos pueden ser tan poderosos que resulta imposible asumirlos conscientemente. Por lo que los almacenamos en el desapego y la depresión.

Muchas personas mayores se deprimen ante la simple idea de lo que les depara el porvenir, la soledad y la muerte. Sin sentido, la vida no tiene razón de ser.

La depresión es una forma de entregarse sin morir, es un grito de ayuda silencioso. Es un sentimiento oculto de pedir atención y amor.

Pero, solo nosotros mismos debemos dar los pasos hacia adelante. El ejercicio es un elemento vital. No obstante, la depresión no sólo deprime la mente, también el cuerpo se deprime, limitando sus movimientos. En muchos casos de depresión hay una amplia variedad de síntomas físicos, como el agotamiento, el insomnio, los dolores de cabeza, la falta de apetito o la gula, o el estreñimiento.

Los medicamentos antidepresivos pueden ayudar a reequilibrar la bioquímica del cerebro, pero si elige este camino, procure tener muy presente la conveniencia de observar las causas, con la ayuda de una psicoterapeuta.

El Nerviosismo y ansiedad denotan falta de autoestima, de autoconsciencia y de conexión, razón por la cual sufres un desarraigo dentro de tu propio ser. Esto genera un miedo nervioso hacia los demás, como si se tratara de un aviso de que el mundo no es un lugar seguro, y que muchas veces, no tiene base real. El nerviosismo extremo está a menudo asociado con el estrés intenso, pero también con la ansiedad asociada al fracaso o a la pérdida. El nerviosismo y la ansiedad prolongados,  crean un ciclo de tensión en el cuerpo, lo que te predispone a padecer tensiones musculares, rigidez, trastornos alimentarios, palpitaciones, respiración acelerada, sudoración excesiva y dolores de cabeza. Aprender a respirar más profundamente y a relajarse, será un paso esencial.

Los ataques de pánico se producen cuando tu fuerza y tu capacidad de resistencia se ven mermadas. El miedo desborda el sentido del equilibrio y la capacidad de raciocinio, y ya no puedes ver que el miedo es irracional. Sencillamente domina toda tu mente. Alguna personas sufren ataques de pánico hasta el extremo de no poder salir de casa por miedo. Esto obedece a sentimientos de infravaloración, de desamparo y de vulnerabilidad, así como a un incremento del estrés y a la incapacidad de hacerlo todo. Lentamente, pierdes contacto con la capacidad de entendimiento y de tener perspectiva, como si dejaras de estar dentro de tu cuerpo, lo que se convierte en terreno abonado para que el miedo se instale. Es posible superar el pánico, mediante técnicas de respiración, dado que la respiración vuelve a calmar tu cuerpo.

Siempre bajo prescripción y control profesional.

 

EL PERIÓDICO DE LA PSICOLOGÍA

www.mireteditorial.com

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

Psicogenealogía, transferir fidelidades al inconsciente familiar. Lo que no se ha podido poner en lágrimas ni en palabras se expresa después en dolores por falta de palabras para decirlo.

Somos menos libres de lo que creemos, pero tenemos la posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino repetitivo de nuestra historia.

El concepto de Psicogenealogía fue creado por Anne Schutzenberger, psicoanalista, psicodramatista y pionera en Francia de este enfoque. Hacia los años 80, ella comenzó a utilizar el concepto entre sus alumnos en la Universidad de Niza, para hacer referencia  a los lazos familiares, la transmisión y lo transgeneracional.

Schutzenberger, utiliza con sus pacientes como método terapéutico, el Genosociograma (árbol genealógico) que construyen en sesión el paciente y el Terapeuta, y donde se inscriben los datos e información de la familia.

Podemos decir que quien inaugura el enfoque transgeneracional es Sigmund Freud, en "Tótem y Tabú", cuando se refiere a la transmisión de generación en generación a través del inconsciente.

Pero a Ivan Bozsormeyi Nagy es a quien le debemos un concepto central que permite entender la transmisión en Psicogenealogía. Lo que nos vincula a cada uno con los miembros de la familia, con las personas más cercanas y con el contexto social.

El Genosociograma es una representación del inconsciente familiar. A través de éste, se puede describir, por ejemplo, que todos los hijos mayores fallecen en diferentes generaciones a los veinte años, o que la edad en que le dan el diagnóstico de una enfermedad grave a una persona, coincide con la edad en la que un ancestro tuvo un accidente grave. 

Este trabajo terapéutico permite que emerjan sentimientos y emociones durante este proceso. La tarea incluye la descodificación de los lazos que unen a la persona con sus ancestros.

www.mireteditorial.com

El Periódico de la Psicología

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

Son constantes las noticias y los estudios que nos alarman sobre el consumo de cánnabis (porros) y drogas de síntesis (pastillas) entre nuestros hijos. 

Es cierto que el porro es la droga ilegal más consumida en nuestro país, que hay datos que confirman que uno de cada tres jóvenes ha experimentado con ella, y que el consumo de estas drogas entre adolescentes puede dificultar su desarrollo mental, emocional y físico. 

Puede ser un factor de fracaso escolar con las consecuencias que implica en su autoestima y en sus posibilidades sociales, presentes y futuras.

Los padres se enfrentan a un tema desconocido, con temor bien a no enterarse del consumo o, en el de descubrir que su hijos usa drogas, a no saber cómo tratarlo.

La mejor prevención se desarrolla en la familia: dar amor a los hijos, ponerles límites y normas razonables, predicar con el ejemplo, fomentar su autoestima, su autonomía y responsabilidad, hablar y escuchar, conocer a sus amigos, y alentar alternativas de ocio saludables dentro de un estilo de vida coherente para todos los miembros de la familia desde que son pequeños.

El mejor momento para hablar sobre las drogas con los hijos no debería ser cuando se detecta su uso. El mejor momento sería en edades más tempranas como la preadolescencia (9 - 12 años), una edad en la que nuestros mensajes llegan sin tantas reticencias.

El adolescente no tiene percepción de riesgo con estos consumos, por eso es importante que se le explique que:

Puede producir dependencia. El consumo que realizan no tiene ningún efecto beneficioso o terapéutico. Con el abuso en el tiempo, el hachís provoca un funcionamiento mental enlentecido con serias dificultades para tomar decisiones y pérdidas de memoria. Puede surgir tristeza, apatía y falta de ilusiones. En personas predispuestas pueden provocar descompensaciones psicóticas, crisis de pánico y ansiedad. No se debe conducir bajo sus efectos. No se debe mezclar con otras sustancias psicoactivas.

En todos los casos, si cree que su hijo se droga, debe actuar con calma, hablando con serenidad, evitando los enfrentamientos. Es fácil caer en reacciones de rabia que encubren mucho miedo y preocupación, pero que, si bien nos ayudan a desahogarnos, no nos ayudan a comunicarnos con el/ella. Formarnos y recordar lo que es ser adolescente. Se trata de una etapa caracterizada por la curiosidad, la necesidad de transgredir normas, en la que el grupo de amigos importa mucho y necesitan sentirse aceptados por ellos. quieren divertirse y terminan probando drogas que luego pueden continuar tomando para evadirse o para relajarse. Informarnos sobre las drogas y sus procesos. Es importante aclarar si es un consumo ocasional, de experimentación, si ya abusa de ellos con consumos habituales, o si se trata de una dependencia. Intentar dialogar, creando un ambiente cálido donde se puedan explorar los motivos por los que consume. Si consumen para "no pensar en los problemas" y aliviar la rabia o el dolor, buscaremos alternativas y recursos que les ayuden. Las drogas solo empeoran los problemas. Plantearemos unas normas que los hijos entiendan como un cuidado para ellos. Transmitamos que crecer es pasar de un mayor control externo a un autocontrol, pero que si fuman porros o toman pastillas malogran este crecimiento hacia la madurez. Estableceremos, por un tiempo, unas normas en horarios, abstinencia y convivencia. Ayudaremos a que el adolescente se plantee objetivos a medio y largo plazo, consecuentes con el esfuerzo personal. Para que no busque gratificaciones inmediatas en las drogas. Es importante explicarle que esforzarse es la manera de lograr recompensas más satisfactorias (más retardadas pero más consistentes) que las que ofrece la droga.

Si estiman que su hijo/a tiene un problema, no duden en pedir ayuda.

Recuerden que un buen clima familiar es la mejor prevención

y la mejor ayuda en la solución de los problemas de consumo

de un adolescente

www.mireteditorial.com

El Periódico de la Psicología

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

Ya no oigo mis voces, de modo que ando un poco perdido. Sospecho que sabrían contar mucho mejor esta historia. Por lo menos, tendrían opiniones, sugerencias e ideas definidas sobre lo que debería ir al principio, al final y en medio. Me indicarían cuando añadir detalles, cuándo omitir información superflua, qué es importante y qué es trivial. Después de tanto tiempo, no recuerdo muy bien las cosas y me resultaría muy útil su ayuda. Un recuerdo que parece sólido como una piedra, acto seguido me resulta tan vaporoso Como una neblina. Ése es uno de los principales problemas de estar loco: nunca estás seguro de las cosas.   

Ahora, en lugar de su agotadora cacofonía, tengo medicamentos para prevenir su regreso. Una vez al día tomo diligentemente un psicotrópico, una pastilla de color azul que me deja la boca tan seca que, cuando hablo, sueno como un viejo fumador. Le sigue de inmediato un elevador del ánimo de sabor amargo para combatir la esporádica depresión perversa y suicida en la que, según dice mi asistente social, es probable que me suma en cualquier momento con independencia de cómo me sienta. De hecho, creo que podría entrar en su despacho dando botes de alegría y exaltación por el rumbo positivo de mi vida, y ella seguiría preguntándome si he tomado la dosis diaria. Esta pastilla cruel me estriñe y me hincha por retención de líquidos, como si llevara puesto un manguito de medir la presión arterial ceñido a la cintura en lugar del brazo izquierdo. Así que tengo que tomar un diurético y también un laxante para aliviar esos síntomas. El diurético me provoca una migraña terrible, como si alguien especialmente cruel me golpeara la frente con un martillo; combato ese efecto secundario con analgésicos con codeína, mientras corro hacia el lavabo para resolver el otro. Y, cada dos semanas, me inyectan un potente agente antipsicótico en el ambulatorio, donde me bajo los pantalones ante una enfermera que siempre sonríe de la misma forma y me pregunta en un tono idéntico cómo estoy, a lo que yo contesto que bien, tanto si lo estoy, porque tengo bastante claro, incluso a través de las diversas nieblas de la locura, de cierto cinismo y de los fármacos, que le importa un comino pero lo considera parte de su trabajo. El problema es que el antipsicótico, que me impide toda clase de conducta maligna o despreciable, o al menos eso me dicen, también me produce un ligero temblor en las manos, como si fuera un nervioso defraudador que se enfrenta a un inspector de Hacienda. También me provoca un ligero rictus en las comisuras de los labios, de modo que tengo que tomar un relajante muscular para impedir que la cara se me convierta en una máscara que asuste a los niños del vecindario. Todos estos mejunjes me recorren a su aire las venas y me atacan varios órganos inocentes, y probablemente embotados, cuando se dirigen a calmar los irresponsables impulsos eléctricos que se me disparan en la cabeza como a muchos adolescentes revoltosos.

Era más fácil, con mucho, cuando aún era joven y lo único que tenía que hacer era escuchar las voces. La mayoría de las veces ni siquiera eran tan malas. Normalmente mis voces no eran demasiado exigentes. Eran más bien sugerencias, consejos, preguntas perspicaces. 

En cierto sentido, las voces me hacían compañía, en especial las muchas ocasiones en que no tenía amigos. Conocí algunos amigos en los años de verdadera locura y les fue peor que a mi. Sus voces les gritaban órdenes como los sargentos de instrucción del ejercito: "muévete" "haz esto".... O peor "suicídate" O peor aún: "mata a alguien". Las voces que chillaban a esos tipos procedían de Dios, de Jesús, de Buda, del perro del vecino, de su tío fallecido, de extraterrestres y de un coro de arcángeles o de un coro de demonios. Esas voces eran insistentes, imperativas e intransigentes y yo reconocía, por la rigidez que reflejaba la mirada de esas personas y la tensión que les agarrotaba los músculos, que oían algo bastante fuerte y machacón, y que rara vez auguraba nada bueno...

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

Hemos llegado a creer que una persona es "inteligente" si tiene títulos académicos o una gran capacidad en alguna disciplina escolástica (matemáticas, ciencia, vocabulario...). Pero los hospitales están atiborrados de pacientes con esas creencias. El verdadero barómetro de la inteligencia es una vida feliz y efectiva, vivida cada día, y cada momento de cada día.

Disfrutar de la vida es sencillo. Implica observar el cielo, mirar un árbol, respirar, oír el canto de los pájaros, bostezar después de una siesta o caminar.

Sin embargo, disfrutar de la vida no resulta sencillo para la mayoría de los seres humanos en todos los momentos.

Hay muchas formas de complicarse la vida: llenarse la cabeza de "ruidos" que la hagan penosa.

Si disfrutar de la vida es algo tan simple como bajar el volumen de esos "ruidos" para notar lo que sientes, ¿a qué estamos esperando para darnos cuenta de que podemos ser más felices? ¿No es un poco tonta la postura que adoptamos la mayor parte del tiempo? ¿Cómo podemos desarrollar la costumbre de actuar de forma más inteligente?

Inteligencia significa capacidad de entender o comprender.

Desarrollar tu inteligencia emocional es tomar el camino hacia tu felicidad, un camino con sentido, pero sin final, que te llevará hasta donde desees llegar.

www.mireteditorial.com - Tel. 675 763 503

 

El Periódico de la psicologia

qwerty

Por favor, habilite el javascript para enviar este formulario

Sobre Miret Editorial

Editorial especializada en textos de ensayo, psicología, pensamiento, relaciones humanas y conocimiento.

Carrer Calabria 209, 08029 Barcelona
Telf: (+34) 675 763 503

© 2010 - 2020 Miret Editorial