El Periódico de la Psicología

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Desde los diez años vengo sufriendo padecimientos psicosomáticos-emocionales y eso me ha permitido desarrollar una fina sensibilidad cuando estoy delante de alguna persona. Con apenas escucharla y observarla, percibo intuitivamente si padece de algún trastorno psíquico. Eso me produce, a veces, un sufrimiento que muchas veces me llevo a casa, necesitando un tiempo para recuperarme. Lo achaco a un exceso de empatía lo que me hace ver claramente que hasta lo que se llama virtud se puede convertir en un defecto perjudicial.

Casi toda mi vida me la he pasado tomando psicofarmacos que, por supuesto, no solo no me han curado sino que me han convertido en un drogadicto legal, con la consiguiente retahíla de efectos secundarios desagradables. He hecho lo imposible por dejar de ingerirlos y no he podido. Cierto es que disminuyen o eliminan algunos síntomas pero, con el tiempo, el cuerpo se acostumbra, por lo que hay que cambiar de principio activo. Así que llevo este asunto con dignidad y mucha paciencia.

La psiquiatría me ha estafado y me ha engañado. No voy contra los psiquiatras. Ellos hacen lo que pueden. No estoy contra los psicofarmacos; si se usan en casos muy concretos, esporádicos y durante un breve tiempo, para atajar crisis psíquicas aterradoras donde los delirios, el pánico, la ansiedad extrema, las alucinaciones y la agresividad campan a sus anchas. El problema que tenemos actualmente es que hay un exceso de sobre-diagnostico con su correspondiente sobre-medicación.

Lo que si funciona es la psicoterapia y puedo dar fe de ello; aunque en mi caso y debido a la antigüedad de mis trastornos, me ha costado muchísimo tiempo lograr una recuperación parcial.

He buscado soluciones por todas partes: leyendo libros, asistiendo a talleres, estudiando, aprendiendo de personas que han aparecido en mi vida. Me he percatado de que gran parte de las "enfermedades mentales" tienen su origen en la infancia, en los primeros años de vida, pero este es un tema muy largo para desarrollarlo ahora.

Perdonar el preámbulo. En verdad, lo que deseo es compartir una herramienta que he practicado y me ha funcionado, pero que yo aconsejo se utilice solo en caso de padecer neurosis. No debe utilizarse si se padece esquizofrenia.

Buscando con persistencia, encontré un ejercicio que a mi me ha proporcionado paz y tranquilidad. No es una práctica basada en la reflexión o en la autogestión, se basa en la toma de conciencia del presente; de las percepciones y del propio cuerpo, tratando de aminorar el parloteo mental constante que nos acompaña a todas partes.

Se necesita un espacio donde poder practicar, como mínimo, un par de veces al día. No hace falta mucho tiempo, con cinco o diez minutos cada vez, es suficiente. No debe haber ruido, ni nada o nadie que pueda molestar. Hay que sentarse en una silla durante un minuto y con los ojos abiertos mirar la habitación y sus objetos. Seguidamente cerrar los ojos y hacer tres respiraciones lentas y profundas. A continuación dirigir la conciencia y la atención al cuerpo empezando por los pies y terminando por la cabeza. Una vez hecho esto, hay que poner la atención en la respiración. Hay que sentir, solo sentir. Vendrán imágenes y pensamientos. Se deben dejar pasar y tratar de no implicarse emocionalmente. Como si se estuviera viendo una película. Lógicamente como la atención no puede estar en dos sitios a la vez, se retirará de la respiración. Hay que volver a ella, no hay que tener prisa, ni querer hacer el ejercicio de forma perfecta. Se trata de "controlar" esas manifestaciones internas de tipo visual y verbal. Con práctica y tiempo se logra, y uno queda anclado en la respiración, lo que produce una gran paz. Se vuelven a hacer tres respiraciones profundas y lentamente se abren los ojos. Con esto basta. Los efectos se notan muy pronto.

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Ahora mismo, frente al papel, repensando el significado que puede tener para nosotros la locura, me hago las siguientes preguntas: ¿que hace   que las personas locas no puedan desvincularse de su propia locura? ¿Es porque esta está instaurada en nosotros dando forma a aquellas   patologías descritas por la psiquiatría biológica? ¿podemos establecer una total correspondencia entre locura y género femenino, la consciencia   transexual y el orgullo de raza? ¿Que tipo de correspondencias resultarían más interesantes?, ¿aquellas de carácter biográfico?

 Para contestar a estas preguntas comenzaré con la siguiente reflexión: ¿podemos reducir lo mental a lo neurológico? Considero que nuestro   sistema neurológico es una instancia en relación con la instancia mental, pero muchos somos conscientes de que, de la misma manera la   economía es irreducible a la física, la psicología no puede reducirse a la actividad de nuestro cerebro. Podemos establecer ciertas correlaciones   entre lo bioquímico y nuestros comportamientos, pero el estudio de nuestra vida vivida puede ser mucho más amplio y rico desde una   perspectiva psicológica y filosófica, que neurológica. El hecho de que empleamos conceptos, en definitiva, un lenguaje diferente cuando   describimos lo mental a cuanto describimos lo cerebral, nos hace pensar en la susceptible divergencia identitíva entre ambas instancias.

 Desde un punto de vista mental, biográfico, psicológico, y sin obviar que la mente emerge de la actividad neuronal, aunque es mucho más que   esta, la locura no se puede explicar como patología, sino como una determinada experiencia, en este caso dolorosa o traumática. Sin atender a   lo biográfico no nos podemos hacer una idea inteligible de lo que es la locura. La psiquiatría biológica existe, actualmente, gracias a la relación de los estudios neurológicos con la evidencia de los distintos comportamientos. Pero la evidencia nos hace constatar la presencia de tal o cual comportamiento, mas no nos proporciona información sobre la naturaleza de los mismos. Es decir, parte de supuestos fisicistas (no mentales) y de la captación sensible de los hechos observados para configurar su "ciencia".

Ahora bien, de la misma manera que no podemos reducir lo psicológico a lo neurológico, escatimaremos mucho conocimiento si reducimos la vida humana a lo psicológico y no tenemos en cuenta el contexto (lo social) en el que se produce. Es en el seno de las relaciones, de lo social, donde aparecen el concepto de género, el de la transexualidad y el orgullo racial. Y ahora toca explicar esto que acabo de decir.

El hecho de que existan diferencias biológicas entre los seres humanos, las cuales determinan, entre otras cosas, que unos puedan dar a luz y otros no, no determinan inexorablemente los roles que habitualmente han sido asignados discriminadamente a hombres y a mujeres. Son los roles asignados los que van a posibilitar el concepto de género entre los seres humanos. Y no el hecho de que unos puedan parir y otros no. El menor volumen de los músculos en las mujeres de forma habitual, se debe a que ciertos trabajos han sido dados tradicionalmente a hombres y otros a mujeres. La superior fortaleza tradicional del hombre sobre la mujer es lo que ha permitido que, finalmente, la mujer acabara sometida al hombre. Por tanto, la desigualdad entre hombres y mujeres nace por una diferencia física que en realidad no es natural, sino cultural.

Pero, aunque esto es importante, adonde quiero llegar es a que, el orgullo de la mujer, vivido desde el feminismo para tratar de conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, nace, por tanto, por cuestiones culturales, que son las que han generado la inequidad. Y sin entrar en el problema de la naturaleza de la transexualidad ni de la racialidad, el orgullo del colectivo transexual, y los de las razas minoritarias se originan por medio de un mecanismo similar. Todos estos orgullos nacen dadas las injusticias, la opresión y la discriminación hacia estos colectivos. En relación a esto quiero afirmar una cosa muy importante; si las diferencias aparentes (que estereotipan) entre hombres y mujeres, blancos y negros ...fueran dadas por la naturaleza, la felicidad de estos colectivos desfavorecidos pasaría por la aceptación de dicha naturaleza. Sin embargo, esto no sucede porque el origen de la inequidad humana es cultural.

En base a lo dicho anteriormente, el orgullo loco no tendría sentido si la locura tuviera un carácter biológico o fuera una enfermedad, ya que sería un problema de índole natural y la solución pasaría por la aceptación de esa condición. Aún así cabría la posibilidad de que se diera el siguiente argumento en contra de esta afirmación: la presencia del orgullo loco nace de la discriminación y la violencia hacia el colectivo y es esta su única razón de ser.

Sin embargo, aquellos/as que han podido dar un valor a lo mental divergente a lo cerebral y han podido ir más allá de lo evidente, habrán podido darse cuenta del origen traumático de la locura y de que el trauma tiene consecuencias drásticas sobre la autoestima y la dignidad de las personas, obstaculizando sus orgullos, es por esto que, el orgullo loco se hace necesario, del mismo modo que el orgullo feminista, el orgullo transexual y el orgullo racial, ya que los conceptos de género, de transexualidad, de raza y de enfermedad mental son constructos culturales y no entidades naturales.

 

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 ¿Que pasa cuando uno "sale del armario" de la salud mental. Lo estoy averiguando, pero, tengo unas primeras sensaciones, intuiciones que creo pueden ser bastantes certeras.

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Ustedes o la mayoría de ustedes (los no locos, los no adictos), sin generalizaciones "a sabiendas" que las carga el diablo, se van a quedar con la parte del discurso que les sea útil o más les interese, lógico por otra parte. Con esto, me refiero exactamente a que muchos de ustedes no van a hacer una lectura aparejada de un poco de auto crítica sino más bien a intentar leer entre líneas cómo mis "disfuncionalidades" han podido afectar/contaminar sus relaciones conmigo. Clarificando o sintetizando más. les van relacionadas con el estado en el que yo me encontraba mientras interactuaba con vos. Más breve y directo todavía: ¿Cuando Elisenda hablaba conmigo, jugaba al pádel conmigo, salía conmigo, paseaba a la perra (sin mí) estaba drogada o/y en crisis, o no? 

Hacer públicas mis debilidades (fortalezas según se mire) no implica ni que yo busque eximirme de mis responsabilidades ni que ustedes tengan que culpar a las mismas, de todos mis comportamientos y pensar que de "gente así" poco se puede esperar. Las personas somos mucho más que un trastorno de la conducta alimentaria, un trastorno límite de la personalidad, una depresión o una adicción. Como dice una amiga, los trastornos no van sobre alimentos, rasgos positivos o negativos, sustancias o conductas sino sobre sentimientos. En gran parte, porque lo que más nos condiciona, no es lo que tenemos o dejamos de tener sino la forma en como con las herramientas que nos han dado hemos podido enlazarnos con el contexto o ambiente vital en dónde hemos crecido y nos hemos desarrollado.

También soy plenamente consciente que interesa muchísimo más lo sórdido y morboso que conlleva la adicción que los entresijos del trastorno mental. En mi penúltimo ingreso en agudos, un internamiento suplicado pues me sentía totalmente desbordada emocionalmente y en el que tuve una de las crisis de disociación más fuertes que recuerdo, el auxiliar de enfermería no me preguntó sobre el diagnostico de TLP hecho en Sant Pau, ni sobre el motivo de mis 15 Kgs demás eran consecuencia de mi relación tóxica desde niña con la comida; aunque si que me hizo un interrogatorio sobre si era verdad que la cocaína ponía muy cachondas a las mujeres, volviéndolas "locas" cediendo a orgías y bacanales, mientras me intentaba colar si yo sabía si fulanito o menganito consumían o no; el no había probado nada, repetía sin cesar, pero tenía muchas sospechas de gente que sí. En resumen, "las tales pascuales" eran chicas que le habían mandado a usar sus extremidades superiores (no sé si es zurdo o diestro) para satisfacer "su fuego" pero como su mente calenturienta no aceptaba el rechazo aun las soñaba en festivales eróticos festivos.

Tranquilos, no voy a dar nombres en la narración de mis vivencias de personas que padecen un trastorno mental o una adicción, a menos que me den su consentimiento, la imaginación tiene un poder inescrutable, muchos de ustedes a lo mejor tiran de ella, están en pleno derecho, por ahora, imaginar no tiene límites ni líneas rojas, así que aprovechemos...Sólo decirles que este mundo se puede resumir con el título de un libro de mi querida Etxebarría: "Lo verdadero es un momento de lo falso".

El éxito o el fracaso depende más de la actitud que de la capacidad. Los hombres exitosos actúan como si hubieran conseguido algo o disfrutasen de algo. Actúa, mira, siente, como si fueses exitoso y verás resultados impresionantes.

William James

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El pasado miércoles 10 de abril, presentamos en Madrid,  "Espiral. El mundo no cambia, nosotros si" (Miret Editorial), de la mano de su autora May González Marqués, en la sede de la Federación Salud Mental Madrid-UMASAN, su Presidenta, Olga Real Najarro, Faustino Octavio García Cacho y MIRET EDITORIAL.

 

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May, en su último libro, autora también de "Entre dos mundos. Más allá de los trastornos mentales" (Miret Editorial), nos hace la propuesta de una acción positiva para cada día del año. Basándose en sus experiencias y vivencias personales, en sus recuerdos y reflexiones, la autora propone una visión optimista del día a día, enfocando los problemas y dificultades desde una óptica diferente, dándoles la vuelta y aprendiendo de ellos para ser más felices.

Un libro que se adquiere en Amazon, e- book: (www.mireteditorial.com), en papel y a domicilio. Solicitándolo a través de: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. y  por teléfono: 675 763 503. Próximamente, también, en todas las librerías del País.

Agradecemos la amabilidad a la Federación Salud Mental Madrid y a su Presidenta.

 

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En octubre de 2013, "gracias" a un intento de suicidio lo suficientemente "llamativo" a interpretación del servicio de salud mental que me llevaba en mi ciudad natal, y después de varias vejaciones por parte parte de sus psiquiatras, con valoraciones  más de juicio que propiamente médicas, me dieron, mi"última oportunidad", derivarme a una terapia de TDC para el TLP en el Hospital de Sant Pau de Barcelona.

Os cuento una de sus valoraciones "terapéuticas", de la misma manera que intentaré aclararos que es un TLP y en qué es útil la TDC.

Tenía 24 años cuando hice mi primer ingreso en una unidad psiquiátrica de agudos, era mi debut en una planta psiquiátrica para mayores de edad. La virginidad en ingresos, la perdí a los 15. Podéis imaginaros que sí la primera depresión me la diagnosticaron con 12, llevaba ya, la mitad de mi vida conviviendo con el argot y el "savoir faire" de la autoridad psiquiátrica. En definitiva, los facultativos con sus tecnicismos me imponían más bien poco. Estaba bastante más leída e informada que la mayoría de pacientes. El resultado, de este primer ingreso en agudos fueron unas magníficas palabras del jefe de psiquiatría: "Tienes la mente más compleja y retorcida que he conocido en mi vida". No eran precisamente muy terapéuticas como observáis, pero si más alentadoras que las de algunas de mis colegas, conocidas "a posteriori", elaboradas por otros psiquiatras, por suerte, aunque igualmente estigmatizantes: "¿Todavía estás viva? "Porque te hacia puta, ion-qui o muerta."

Tanto a mí, con mis perversiones mentales, como a la chica alias "puta, ion-qui o muerta" nos trataron en la Unidad de Trastorno Límite que hay en el Hospital Sant Pau de Barcelona, dónde empecé a ver un poco de luz. Eso sí, 9 años más tarde de escuchar la frase lapidaria. ¿Qué es un Trastorno Límite de la Personalidad y cómo se puede tratar?

Según Linehan (1993), las personas afectadas con TLP presentan como característica principal la disregulación emocional que es el resultado de la interacción entre una predisposición biológica a la vulnerabilidad emocional y un ambiente invalidan-te. En este ambiente, el niño no aprende a nombrar, identificar, modular, tolerar el malestar, y confiar en sus respuestas emocionales como experiencias de interpretación de la realidad válidas ante los acontecimientos. Sentimos, pensamos y vivimos en una montaña rusa emocional, con una intensidad 3 veces superior a la que suele sentir, pensar y vivir el resto de la gente. La disregulación o inestabilidad emocional es la disfunción principal, no la única, pues otros elementos comunes son la idea de vacío crónico, el miedo atroz al abandono, las auto-lesiones, el pensamiento suicida...En resumen, vivimos en un caos de emociones que no sabemos cómo gestionar.

Menciono a Linehan, porque es el artífice principal, de la llamada Terapia Dialéctica Conductual, (TDC), una de las muchas variedades de terapias cognitivo conductuales que existen en la actualidad. Linean ha confesado recientemente, tener un TLP y haber pasado más de un año de su vida encerrada en un psiquiátrico americano. La terapia dialéctico conductual (TDC) fue desarrollada originalmente como una intervención para los pacientes con conductas suicidas. La TDL combina la terapia de conducta y la intervención en crisis, enfatizando la aceptación y la tolerancia, basándose tanto en la práctica occidental como la meditación oriental (famoso mindfulness que ahora dícese servir para todo). El marco teórico enfatiza el intercambio y la negociación entre el terapeuta y el paciente entre lo racional y lo emocional, y entre la aceptación y el cambio (de ahí el término "dialéctica"). Se acuerdan previamente los objetivos del tratamiento, tomando como prioridad las conductas que atentan contra la vida. el aprendizaje de nuevas habilidades es un componente básico, incluyendo la atención plena (por ejemplo, la toma de conciencia de las propias emociones y conductas, sin juzgar), la eficacia interpersonal (asertividad y habilidades sociales), el afrontamiento del malestar y las crisis y la identificación y regulación de las reacciones emocionales. La TDL consta de intervención tanto individual como grupal.

Perdón por el tostón, pero lo encontraba necesario para que comprendierais el tipo de terapia que recibí en Sant Pau de forma gratuita, y que continué, finalizados los 6 meses de duración estipulada por el hospital barcelonés, en otro centro privado, por un periodo de casi 3 años más. El precio de la privada mejor no os lo digo, pero por desgracia no está al alcance de la mayoría y me entristece mucho la explotación económica que se está haciendo de este trastorno, llegando a límites de "tanto tienes, tanto te cobro por mejorar la calidad de tu salud mental". No sólo pasa con el TLP, hay trastornos, como el TCA por el que en centros privados se está pidiendo el oro y el moro.

No estoy hablando de ningún milagro, ni de ninguna panacea, es una terapia de constancia que a mí me ha funcionado al igual que a otra gente. Hace un año que la cesé para centrarme en la adicción. Hoy en día he aprendido a gestionar mis emociones, identificarlas, aceptar tanto las buenas como las malas y vivir en un aquí y ahora constante sin juicios o almenos con menos prejuicios. Las crisis se dan, aunque pierden intensidad y frecuencia con la terapia y el paso del tiempo.

En relación al psiquiatra, creo que ahora tiene otra plaza de jefe de un hospital psiquiátrico en el Sud de Cataluña, aunque la vida no me ha sido fácil, he continuado estudiando, aprendiendo, viajando y luchando para estar presente yy estoy empezando a superar la distorsión cognitiva de por ser una persona inteligente e hipersensible sólo sirvo para destruir y manipular. He estado muy acomplejada por mis capacidades, boicoteándolas inconscientemente de forma permanente, aquí dejo entrever un tema con muchos tópicos y muy poca información certera; la superdotación.

 

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