El Periódico de la Psicología

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Quienes lo padecen no son ni frágiles ni menos inteligentes, sino que carecen de la capacidad de proteger su emoción y administrar sus pensamientos. En una entrevista con Infobae, el reconocido psiquiatra, investigador y escritor Augusto Cury explicó cómo recuperar la tranquilidad emocional y volver a experimentar plenamente el placer.

El exceso de información satura la corteza cerebral, produciendo una mente hiperpensante, agitada, con bajo nivel de tolerancia, impaciente y sin creatividad (Shutterstock)

Vivimos en una sociedad urgente, rápida y ansiosa, repleta de mentes agitadas que convierten la paciencia y la tolerancia a las contrariedades en bienes de lujo. A menudo, las personas no saben estar solas, interiorizarse, reflexionar y disfrutarse. Conocen a muchos en las redes pero a pocos en profundidad.

La sobrecarga de información, la exigencia de realizar varias actividades a la vez y la acumulación de preocupaciones tienen nefastas consecuencias en el bienestar físico y psicológico y pueden acelerar la mente a una velocidad aterradora. En la era digital, esto está pasando con una intensidad nunca antes vista.

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Es así de contundente. Si no leemos, es difícil que podamos pensar bien.

Hoy todos escriben, todos quieren expresar sus sentimientos y opiniones, pero, ¿quién lee? En cierta forma la lectura es una actividad superior a la escritura; sólo podemos escribir con el lenguaje que hemos adquirido leyendo. La lectura es la materia prima de la escritura y la posibilidad de crear una obra que tenga belleza y profundidad o simplemente claridad, se basa en las lecturas que hemos hecho y lo que hemos aprendido de otros autores (sus palabras se vuelven las nuestras, se mezclan con nuestros pensamientos y experiencias). Así se destila la escritura, como una refinación del pensamiento no sólo personal, sino del tiempo mismo.

Para muchas personas es más atractivo escribir, tiene más glamour –algo que quizás se deba a la inmadurez y al egoísmo–, pero grandes escritores nos dicen que la felicidad en realidad está en la lectura. Borges es especialmente fértil en este sentido: "la felicidad, cuando eres lector, es frecuente". Y la célebre: "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído".

A veces, lo más bello es precisamente lo inesperado y lo que no se gana, por lo tanto, algo que se da verdaderamente como un presente.

Anna Freud

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Un controvertido estudio sugiere que el cambio climático puede ser revertido mediante la plantación forestal de 900 millones de hectáreas. Otros investigadores piensan que esta afirmación es "demasiado buena", como para ser verdad.

Un nuevo estudio asegura que existe un área del tamaño de Estados Unidos disponible para plantar árboles en todo el mundo, y que esto podría tener un impacto dramático en la lucha contra el cambio climático.

El estudio muestra que el espacio descrito para sembrar nuevos árboles es mucho mayor de lo que se pensaba anteriormente, y reducirá el dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera en un 25%.

Según sus autores, se trata de la solución más efectiva para el cambio climático de que dispone el mundo en este momento. Pero otros investigadores dicen que los resultados de la investigación son "demasiado buenos para ser verdad"

La capacidad de los árboles para absorber el dióxido de carbono hace que sean un arma valiosa en la lucha contra el aumento de las temperaturas.

El Panel Intergunamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) dijo que si el mundo quisiera limitar el aumento a 1,5ºC para 2050, se necesitaría un millón de hectáreas adicionales de árboles.

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Desde hace unos años está comenzando a estar muy de moda una disciplina que aúna los beneficios psicológicos que se pueden obtener a través de la música con su aplicación como terapia para trabajar distintas patología o como prevención de distintas afecciones: la musicoterápia.

Pero no es algo nuevo en absoluto. La música ha estado presente desde el comienzo de los albores de la Humanidad. No se conoce ninguna cultura en la que no exista ninguna manifestación musical, por lo que es de suponer que la música nos ha acompañado siempre. Incluso se especula no sin falta de fundamento, sobre si la música fue anterior al desarrollo del lenguaje.

A pesar de no ser una necesidad primaria es una de las manifestaciones artísticas a las que se le ha dado importante en todas las épocas y civilizaciones. La música es un medio con el que expresar no sólo emociones, sino también en el contexto de la cultura, una forma de expresar los propios valores y rituales.

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No existe. El TDHA es un diagnóstico que carece de entidad clínica, y la medicación, lejos de ser propiamente un tratamiento es, en realidad, un dopaje.

Esta es la sentencia de Mariano Pérez, especialista en Psicología Clínica y Catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención de la Universidad de Oviedo, además de coautor, junto a Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo de "Volviendo a la normalidad", un libro donde dedican 363 páginas a desmitificar de forma demoledora y con todo tipo de referencias bibliográficas el Trastorno por Déficit de Atención con y sin hiperactividad y el Trastorno Bipolar Infantil.

Lo que sí que existe, y es a su juicio muy preocupante, es el fenómeno de la "patologización de problemas normales de la infancia, convertidos, convertidos en supuestos diagnósticos a medicar".

- En "Volviendo a la normalidad", ustedes ponen el dedo en la llaga, al asegurar que el llamado Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad (TDAH), no existe.

El TDAH es un diagnóstico, cada vez más popularizado, que carece de entidad clínica. Para empezar, no se establece sobre criterios objetivos que permitan diferenciar el comportamiento normal del supuestamente patológico, sino que se basa en apreciaciones subjetivas, en estimaciones de los padres del tipo de si "a menudo" el niño se distrae y se mueve mucho. Más que nada, el diagnóstico es tautológico. Si un padre preguntara al clínico por qué su hijo es tan desatento e inquieto, probablemente le respondería porque tiene TDAH, y si le preguntara ahora cómo sabe que tiene TDAH, le diría porque es desatento e inquieto. Por lo demás, insisto, no existe ninguna condición neurobiológica ni genética identificada, y sí muchas familias donde no se asume que la educación de los niños es más difícil de lo que pensaba.

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